Orgullosamente colorinche

No-reseña de
Sueños de colores: sueña con Maisy
Lucy Cousins

“Maisy sueña que ha llegado al mundo del arcoíris”.
Lucy Cousins, Sueños de colores: sueña con Maisy

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Visto a través de mis ojos, el arcoíris que ocupa toda la portada de Sueños de colores, ondeaba como la bandera el día del orgullo (del orgullo gay, para quienes no conocen este evento felizmente atiborrado de banderas con seis de los siete colores del arcoíris). Soy orgullosamente colorinche, pero cogí este libro porque tenía los de la bandera gay, ahora solo veo etiquetas, adjetivos, sueños diseñados con una regla imaginaria y un marcador indeleble, para trazar de manera definitiva las fronteras entre cada una de las imágenes que el inconsciente de Maisy le revela por la noche.

Una página por color y un animal para cada página: Maisy sueña con una mariquita roja, un pez naranja, una abejita amarilla, un hoja verde, un reloj azul, una mariposa violeta;   todos bien diferenciados y sin mezclarse con los de otra clase. Apuesto a que usted se quedó pensando en que ni las hojas ni los relojes son animales e ignoró el resto del contenido de este párrafo. Si es así, significa que, como Maisy, usted también tiene reglas imaginarias y marcadores indelebles que lo obligan a darle más importancia a la categoría que al mensaje y a soñar con ciertos límites. Yo también soy así, es difícil no serlo si vivimos en un mundo tan irregular e incierto que nos inventamos la taxonomía para entenderlo.

Cada año, el domingo más cercano al 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo Gay. En las avenidas principales de las ciudades en las que ser homosexual no es un crimen desfilan lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas y solidarios. Aparentemente, ese día marchamos sin distinciones porque nos sentimos orgullosos de ser lo sea que seamos y, como en el epílogo de Sueños de colores, dejamos de ser una intricada red de clasificaciones de las clasificaciones para convertirnos en una masa colorinche que celebra la felicidad que nos causa reconocer nuestra diversidad, decimos lo mismo que Maisy:

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Sin embargo, los demás días del año, la comunidad LGBTI…, en su afán por sentar precedentes, hacernos más visibles y crear mecanismos para que respeten nuestros derechos, usa desmedidamente la regla y el marcador, aunque en muchos casos la tinta de este sí sea borrable. La presencia de categorías se ha vuelto contra nosotros, nos está transformando en estereotipos, muchísimos e incontables, pero estereotipos, a fin de cuentas.

Yo creo que soy única, pero no creo ser la única que piensa así. Nadie es totalmente clasificable. Señor lector, aunque usted fuese un especialista en estudios de género, jamás podrá decirme quién soy yo. ¿Cómo clasificaría usted a una mujer de apariencia muy femenina, que siempre fue el macho de sus relaciones heterosexuales; una femme falale que todavía juega con muñecas, y en los últimos cuatro meses hace parte de una relación informal, a veces intermitente, con un hombre que cumple todas las condiciones para ser lesbiana? Lo reto a usar una regla para resolver este misterio.

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