Dejarlos pasar

El ogro de Mariuchi

Magali Bonniol

El ogro de Mariuchi

“Mariuchi sabe exactamente qué hacer”.

Magali Bonniol, El ogro de Mariuchi

El ogro de Mariuchi es un silencio incómodo, como el que se siente en un ascensor tras saludar tímidamente al desconocido con quien lo comparte. Él se queda mirando el suelo mientras el otro espera llegar a su piso lo más pronto posible. Admito que no siempre es así, en ocasiones, el compañero de ascensor es quien clava la vista en los números.

Apuesto que usted ha vivido una escena similar, y que si le preguntara cuándo fue la última, cuántas veces le ha pasado esta semana o si su último compañero de silencio incómodo fue un hombre o una mujer no podría contestarme con certeza. Esto se debe a que el cerebro humano, como Mariuchi, sabe exactamente qué hacer.

El cerebro descarta los recuerdos irrelevantes y reserva ese espacio para que usted no olvide las tablas de multiplicar o cómo llegar a su casa; y Mariuchi encierra a un ogro enorme en un baúl mágico de modo que tenga el tamaño necesario para entrar a su castillo. Siempre toman las decisiones correctas, saben qué consecuencias tendrán sus acciones y por eso eligen la mejor opción.

No se me ocurre cómo abordarían la situación del ascensor, pero debe ser una salida brillante, con las palabras y las acciones precisas. En cambio, Bonniol y yo protagonizaríamos la peor escena de silencio incómodo en un ascensor de la historia. Ninguna de las dos sabría qué hacer. Yo hablaría más de la cuenta, tomaría decisiones arbitrarias como impedirle el paso hasta que fuésemos capaces de mantener una conversación fluida, incluso le ofrecería un montón de cosas que no me ha pedido con tal de eliminar ese silencio tan incómodo, inmanejable y desconcertante. Apenas yo desatara el llanto, ella vería en los charcos del suelo el detonante de su próxima historia, las escenas irían pasando por su cabeza como en una película:

Clara no puede callarse, un silencio incómodo la mantiene atrapada en el ascensor. No para de llorar. Hay charcos de lágrimas en el suelo y los botones del ascensor están empapados. “¿Eh, silencio incómodo! ¿Por qué no te vas del ascensor?” El silencio gimotea: “¿Por qué soy demasiado grande!” “¡O este ascensor es demasiado pequeño!” ¿Cómo mantener un silencio tan grande en un ascensor tan pequeño? Clara sabe exactamente qué hacer. “Ven silencio, haz un esfuerzo, ¡upa!”. El silencio entra en el cofre mágico. Clara lo cierra. Dice las palabras mágicas. Espera un rato a que la magia funcione. Ya puedes salir, silencio. Tu piso es por ahí”. Las puertas se abren y el silencio incómodo se baja en el piso que había marcado al principio de este suplicio. Clara sigue en lo suyo y toma el siguiente ascensor sin tener en cuenta que, por no usar las escaleras estará expuesta a lo inevitable.

Tal vez lo mejor para esta incomodidad sea no hacer nada, callar, dejarlo pasar. ¿Tú qué harías?, Mariuchi.

17 de diciembre

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