Las tijeras por ahí

Paranoica

Jung Yumi

paranoica

 “Solo yo puedo curar mi tristeza. Pascal”.

Jung Yumi, Paranoica

De las manos veinteañeras de Jung Yumi salieron las cuarenta y cinco ilustraciones que componen este libro, cada una con una frase que es, para mis ojos lectores, la que cala el alma, la que da en el blanco, la que grita… Clara, ¡algo estás haciendo mal!

Si usted es fanático de las palabras que salen de mis dedos, seguro recordará que he escrito otras no-reseñas (en otras ocasiones me he tomado en trabajo de indicarle cuales son, pero esta vez usted decide buscar o no) restregándole en la cara que usted trabaja demasiado, se preocupa demasiado… que hace todo mal y por eso no es feliz, como yo. Ja, pues lo engañé.

Una vez, una persona muy sabia me dijo entre mis lágrimas algo así como que yo vivo en función de mis proyectos. Me retorció las tripas. ¿Sabe por qué? Porque es verdad. La sabia usó la palabra “proyectos” para referirse a las personas cuyas vidas yo me empeño en modificar, para enseñarles a ser feliz… como yo. Entre esas vidas intervine la de ella. Así que sabía exactamente lo que me estaba diciendo.

En ese momento supe que me estaba equivocando, había involucrado a mi proyecto actual de una manera tan profunda en mi vida que me adjudiqué la clave de su felicidad. Acepté de buen agrado tomar todas sus decisiones, pero no era yo quien llevaba las riendas sino la codependencia que nos impide separarnos: alguien nos dijo que somos como siamesas pegadas por el ombligo. Aunque es sumamente agradable, esa persona tiene razón.

Elegí olvidar el pilar de la estrategia para estar bien: primero estoy yo, hago el bien a los demás porque me hace bien a mí. En cambio, me puse en usa situación incómoda. Y ahora, tras una discusión que hace tiempo no teníamos pero que antes podría describirse como habitual, abro los ojos, entiendo que si “solo yo puedo curar mi tristeza”, solo ella puede aliviar o hundirse en la propia.

Ya ensayé tomar las tijeras y (amenazar con) cortarle la tristeza que carga, como en la ilustración que Jung Yumi dispuso frente al que ahora también es el epígrafe de esta no-reseña. Ahora probaré otra cosa. Es hora de dejar las tijeras por ahí, y si ella las encuentra, las empuñe hale la tristeza hasta que considere que ha encontrado el punto de corte y lo haga; o tal vez para que se tropiece con ellas, refunfuñe brevemente porque no están en su lugar pero, por el cariño que me profesa, las recoja sin reparo, las acomode en el puesto y deje su tristeza sin cortar. Es su decisión, no mía.

Por mi parte, retiraré los papelitos que utilicé como separadores para escoger el epígrafe más adecuado y pondré Paranoica en su lugar. Quería dejarlo a la vista, porque es el libro de ella y quería que lo encontrara esta noche cuando llegue, pero recapacité: es suficiente con que descubra que, por esta noche, yo elegí no estar.

29 de septiembre

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2 comments

  1. yo · septiembre 30, 2013

    solo le diste otro uso a las tijeras, dejaron de cortar la tristeza para cortar la relación.

    • claragiraldomejia · octubre 1, 2013

      en realidad no corté la relación… solo le estoy buscando otra manera de abordarla 🙂

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