Cada lector entiende lo que quiere

Yo, Claudia

Triunfo Arciniegas y Margarita Sada

yo Claudia

Un día mi papá enfermó y me cedió el trono por tres días.

Triunfo Arciniegas, Yo, Claudia

Esto de las no-reseñas está cambiando. El concepto se ha deteriorado. No es lo que yo quiero. Lo de ser princesa también está cambiando, como la Yo, Claudia que yo leí.

Yo, Clara, soy princesa hace veintisiete años, desde que nací, y lo que más me gusta(ba) de este cargo es la ausencia de responsabilidades; pero ahora, cuando intento evadirlas, siento culpa. Esa palabra ha ocupado mis pensamientos en los últimos días. Siento culpa por todo, pero en esta no-reseña, solo hablaré sobre mi culpa por traicionarme, a ver si me descubro.

La primera vez que leí la historia de esa princesa emancipada que de la noche a la mañana toma las riendas de su vida y de todo el reino de una manera magistral, es decir, sin equivocarse, ni siquiera me percaté de ello, sólo me interesaba, como a la princesa Claudia, pintar mi palacio de rosado.

Durante la segunda lectura, a ese deseo de redecoración se unió la espera del día feliz en el que por fin fuese el turno de escribir la no-reseña de este libro. Sin embargo, unos días antes leí un comentario a otra: Secreto entre caballeros, sobre la dosis de mí presente en las no-reseñas, que alteró considerablemente la tercera lectura del mismo libro.

Este fenómeno me remitió a mis clases de Teoría Literaria III, exactamente a las sesiones en las que discutimos “El proceso de lectura” de Wolfgang Iser, quien (según mi parcial y lo que entendí tras releer dicho documento) afirma que cada lector entiende lo que quiere, es decir, que la manera como alguien asume un texto es consecuencia de su acervo cultural, su manera de pensar, sus lecturas previas, sus prioridades, sus deseos y, sobretodo, de cómo haya amanecido el día que lo leyó.

Por eso me ha tomado tanto tiempo escribir sobre Yo, Claudia, leo el fragmento de su gato Casimiro del Monte y quiero volcar mi reflexión hacia mi gatita, porque ahora ella ocupa gran parte de mis acciones y pensamientos; pero siento culpa porque sé que realmente yo no había interpretado así este libro. Triunfo, ¿alguna vez pensaste en que ibas a poner a una princesa en un aprieto semejante?

En fin… Yo, Claudia me hace sentir casi tan culpable como cuando escribí En lugar de los puntos suspensivos. En cambio Iser me tranquiliza, porque me explica que eso es normal, que nos pasa a todos y que no estoy cometiendo un error al explayarme en mí desde la primera no-reseña que escribí, pues ese es el propósito de estas. También me aconseja hacerlo más evidente para usted, cuestión muy sencilla de resolver, pues ya está escrito: “Segunda opinión será lo que usted quiera que sea; ya que, como yo, usted va a tergiversar el sentido de mis palabras”, solo lo puse en el lugar equivocado, tendré que hacer algo al respecto, pero después, ahora lo más importante es dejar de sentir culpa por traicionarme, así que voy a abolir este efecto de la relectura, volveré a hacer con las no-reseñas exactamente lo que quiero.

15 de abril

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