El fin

Buenas noches, Gorila

Peggy Rathman

Buenas Noches Gorila

 “Buenas noches, querido”.

Peggy Rathman, Buenas noches, Gorila

 

19. Esta vez, le voy a hacer caso a mi papá: voy a escribir sobre un tema coyuntural, digno de un best seller. Como falta tan poco, voy a escribir sobre el fin del mundo.

Buenas noches, Gorila” se despidió el guardia del zoológico como si nada, aunque sabía que sería la última vez. El gorila también estaba al tanto y, en un silencio tan profundo que logró arrebatarle las llaves por la espalda, se liberó  para seguirlo con sigilo, a tan solo un paso de él. Gorila escuchó con embeleso el crujir de sus botas iluminadas por la linterna de quien hasta hacía pocos minutos era su captor.

“Buenas noches, Elefante” le dijo este con la vista fija en sus pisadas, sin siquiera advertir que, con el moco, el paquidermo se despedía para siempre, pues sabía que después de esa noche no habría más días. Gorila sintió el peso del llavero atiborrado de pequeñas rutas de escape con dientes de metal y, de inmediato, supo que su vecino de celda también quería salir, pasar en cualquier otro sitio el último minuto.

“Buenas noches, León” balbuceó con ojos perdidos el carcelero, a cuyas espaldas Elefante miraba a Gorila enfundar la llave en la cerradura de León. Triste, como un enamorado no correspondido, León siguió el recorrido de ese hombre de quien también quería despedirse, pero permaneció inmóvil, suspirando para sí.

“Buenas noches, Hiena. Buenas noches Jirafa” les deseó con voz serena pero acelerando el paso, pues ya no había tiempo que perder. Gorila también abrió sus puertas y ambos huyeron desbocados con el resto de la manada ya nombrada.

“Buenas noches, Armadillo” pronunció despacio. Le faltaba el aire, su cuerpo doblado en una posición que en realidad no se veía tan incómoda ya no respondía como antes. Añoró por un instante que todo acabara, y de inmediato se percató de que así sería, entonces tomó todo el aire que cupo en sus pulmones y, en un momento de descuido, Gorila también le otorgó libre albedrío al Armadillo.

Como si se tratara de una imagen bíblica supremamente vívida, las criaturas conservaron la fila, avanzaron en orden y mutismo absoluto. Sin pareja como en el arca de Noé, atravesaron como poseídos el umbral del zoológico y entraron en otro, despacio, en paz, tomándose el tiempo que jamás volvería.

Todos la vieron, ella era el destino cálido que buscaban con urgencia. Un abrazo de esa mujer en duermevela, compartir su lecho o simplemente respirar el aire viciado con su dulzura era lo que todos, hasta el hombre de las botas, anhelaban para cerrar los ojos y ya. “Buenas noches, querido” musitó la dama “Buenas noches” respondieron todos. Quebraron el silencio. Arruinaron el fin. Y, mientras todo se hace trizas ante mis ojos impotentes, yo también estoy viviendo el fin de una era, sin que usted siquiera lo note. La cuenta regresiva ahora va en 18…

20 de diciembre

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