Aún sin título

Un corazón que late

Virginie Aladjidi y Joëlle Jolivet

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“En ese edificio, ¿sabes qué hay?”.

Virginie Aladjidi, Un corazón que late

Nada. ¿Qué hay que hacer para no ser controlador? No dedicarse a escribir libros, ni a crear nada en general, pero sobre todo abstenerse de producir textos de ficción. Descubrí esta gran verdad sentada en el sofá, con la crisis diametralmente opuesta a la página en blanco y sosteniendo sobre las piernas mi computador de nueve pulgadas, desde el cual controlo lo que usted lee cuando se le atraviesan mis no-reseñas, alguno de los no muy conocidos libros que he publicado o los cuentos en los que llevo trabajando tanto tiempo.

Dedicarse a escribir es tener la potestad de imponer un marco, de elegir una ventana y de poder colarse a través del vidrio para contarle al lector qué es lo que yo quiero que pase. Por eso, cuando releí Un corazón que late lo que realmente me sorprendió fue el uso explícito de este recurso, y no el conmovedor cuadro de una futura mamá sentada en un puf muy parecido a uno que yo tengo en mi casa (y a un corazón, según la intensión de gráfica de Jolivet), acariciando su vientre sobre el cual Aladjidi escribe que hay un bebé.

Lo más difícil de controlarlo todo es decidir qué amerita más atención, qué merece ser contado; en términos de ventanas, seleccionar la adecuada. Parece fácil, pero solo en mi edificio, ¿sabe qué hay? ¡Cuatro cientas setenta y dos ventanas!, ¡sin contar las exteriores, las laterales y las de las áreas comunes!, según las cuentas de quien ahora me acompaña de noche y de día. Entonces, ¿cuántas habrá en el Universo, desde el que parten las autoras, con mirada parcializada, dirigida según sus deseos en una vista superior.

El recorrido recto y en picada que me impuso Un corazón que late, podría haber sido en espiral, pudo haber mostrado otro corazón latiendo desde otra ventana. Como a mí no me interesan mucho las mujeres a punto de dar a luz, hubiese dirigido la mirada de mis lectores a cualquier otra ventana, no sé exactamente hacia cuál porque en este momento nada me parece tan significativo como para dedicarle una cuartilla ni dos horas y media de mi tiempo, que ahora parece esfumarse entre los días.

Los súper poderes que me jactaba de tener para controlar mi tiempo ya no están. Este libro de no-reseñas aún sin título se me cuela entre las manos como si fuera un montón de babas y, de nuevo, me pregunto si escribirlo no será una… no una pérdida de tiempo sino, mejor, una tarea que me impuse yo misma pero que, al mejor estilo escolar, me resigno a copiar de la alumna más aventajada, en este caso yo, porque no veo que nadie más escriba no-reseñas o le interese este libro (el de Aladjidi o el mío, lo que usted prefiera creer).

Como ya me cansé de regañarme, pero aún no he completado la cuartilla que compone una no-reseña, según mis propias reglas, le confieso (a manera de relleno) que escribí Aún sin título para devolver Un corazón que late a la biblioteca mañana mismo, para que la mujer de la portada deje de juzgarme por acumular ropa sucia, promesas rotas y asuntos pendientes.

17 de diciembre

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2 comments

  1. velen · diciembre 17, 2012

    me pase un montón de tiempo contando ventanas. Exijo se me de crédito por eso Clara Inés Giraldo Mejía.

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