Corriente de Pelonia

El grufaló

Julia Donaldson y Axel Schefler

 “El grufaló no existe y no es más que una quimera”.

Julia Donaldson, El grufaló

grufalo

 

“En su tiempo libre, Clara Inés Giraldo Mejía estudió literatura de la Universidad de los Andes;  […] ha trabajado como correctora de estilo y asistente editorial en revistas y periódicos culturales, así como en algunas editoriales independientes, desde antes de iniciar sus estudios en literatura y aún lo sigue haciendo. El resto de su tiempo, lo dedica a ser princesa”. Leyó Clara, para iniciar la ponencia de cierre del seminario al que fue invitada como ex alumna.

El seminario en cuestión se caracteriza por abordar temas inesperados desde el punto de vista literario y académico, por lo que Clara vio en ese espacio la oportunidad perfecta para presentarse como princesa. Nunca había sentido la necesidad de mencionarlo, porque su condición era tan evidente para ella que prefería no ser redundante, como la criatura del bosque que da más miedo: el ratoncito que no tuvo más remedio que precisarle al grufaló, con una voz que Clara imagina tan aguda como la de ella, que él no era bueno, ni siquiera cocinado a la parrilla.

Tanto el ratoncito como Clara tuvieron que acudir a la redundancia para obtener lo que necesitaban con urgencia: él, evitar ser el almuerzo de ninguna zorra, búho ni serpiente; y ella, conseguir cortesanos aptos para su reino.

Sí, Clara es la Princesa de un reino, se llama Pelonia; y sí, apenas abrió su boquita para decirle a todos que era una princesa, consiguió una consentidísima Gata de Compañía; una despiadada Verdugo; una Dragona ronroneadora; una Reina suculenta; una Nodriza que le quita el hambre y el antojo; una Bruja absolutamente malvada; un ejército concentrado en la increíble fuerza de la Amazona Real. También encontró a Rodolfo, un precioso cocodrilo que ahora vive en el foso que debe tener todo castillo; un Rey que no la pasa nada mal; un muy diligente Consejero Real; un perchero real bastante útil, que aspira a ser el guardián de las pelónicas; un hábil todero y bufón real; un ogro que “tiene chuecos ambos pies y las patas muy peludas”, igualitos a los del horrendo monstruo de este cuento; un mucamo real, apodado príncipe, porque los príncipes sólo sirven para mantener el Reino en la más absoluta limpieza; y hasta el viento que sopla en Ryloth, el reino vecino, hace parte de Pelonia.

Estos quince individuos son bienvenidos en el castillo de Clara porque aquí pueden hacer lo que más disfrutan y ella se siente complacida por que le siguen la corriente, a su manera, y la Princesa Clara no tendrá que escuchar/admitir que Pelonia no existe y no es más que una quimera; podrá enviar al foso de los cocodrilos a quienes se atrevan a pronunciar esa falacia o simplemente dejar pasar los comentarios recelosos, porque tal vez, un día se topen de frente con lo que creían mentira, como en El grufaló.

Por ahora, señor lector (in)crédulo, disfrute el escudo de armas del Reino, obra de las hábiles garritas de la Gata velén de Pelonia.

 

  5 de noviembre

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