ACTO POÉTICO

Playstation

Cristina Peri Rossi

 “El acto poético ya había pasado”.

Cristina Peri Rossi, Playstation

 

Cristina Peri Rossi, en cama y con su pierna derecha en alto durante tres meses porque “me había atropellado un auto”, escribió este libro cuando le ponía pausa a la partida de playstation. Tomó anécdotas de su vida personal y las hizo poesía, cuando debía parar y volver a la realidad. Así, quedaron al descubierto sus (casi)romances clandestinos con sus traductoras, casadas con hombres supremamente celosos; su opinión sobre lo estúpidos que son los medios culturales, entidades académicas, editores y demás personas a quienes ella debe mostrar algo de respeto para seguir recibiendo mensajes como: “Usted acaba de tener el honor de ser incluida entre los mil mejores autores vivos del mundo”; y otros desplantes menores, pero que seguro herirán los sentimientos de los implicados, sobre todo si no lo oyen de su boca, sino que lo leen en un libro que ellos mismos pagaron y cuyas regalías se irán al bolsillo de la agresora.

Yo también estoy mezclando episodios de mi realidad con los libros que leo, y publico el resultado en Internet para que todo el mundo lo lea pero, tal como lo hizo Peri Rossi, tomo precauciones: no menciono el nombre de terceros, que puedan sentirse utilizados, ofendidos o expuestos; y selecciono minuciosamente qué contar y cómo hacerlo, sobre todo para no poner en evidencia mis errores garrafales.

“En todos los casos soy culpable/Hay algo que no hice/o dejé de hacer”, leo en “Pesadillas” uno de los poemas de Playstation.Esos versos me taladran el cerebro con una repulsiva sensación de culpa, así que confesaré mi delito: no devuelvo las cosas que me prestan; asumo que son mías, las daño, o, lo que es peor, no tengo ni la menor idea de dónde están, y aunque tengo toda la intención de devolverlas no sé qué decir ni qué hacer, así que huyo.

Sí, persona a quien no he devuelto los guantes rojos, ni camisa de vestir, ni falda del disfraz de tu hermana (con quien has tenido discusiones por mi descuido), me esfumé para no tener que asumir que tus cosas desaparecieron de mi vista. Por eso pospuse nuestros encuentros para entregártelas; no respondí tus llamadas; ignoré los correos electrónicos, que mensualmente me enviaste durante más de un año, y ahora dejaste de hacerlo porque te sientes impotente, frustrado. Sólo por eso, dejé de frecuentar lugares en donde corría el riesgo de encontrarte; elegí no ir a charlas, conciertos, proyecciones de películas, reuniones con amigos en común; y hasta me escondí debajo de la mesa el par de veces que apareciste en los lugares menos esperados, todo para no darte la cara.

Ayer encontré tu chaleco, y escribí esta no-reseña como un acto poético para tener el coraje de contactarte y devolvértelo, como una persona normal. Espero encontrar una manera de recompensarte, que no ya te sientas agredido por la ofensa y, sobre todo, que no vuelva a traicionar tu confianza, porque no puedo arreglarlo todo a punta de actos poéticos, Peri Rossi sí, aunque el acto poético ya haya pasado.

1° de octubre

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