EN CLAVE DE SARCASMO

Luna caliente

Mempo Giardinelli

 No me hiciste daño. Me gustó.

Y quiero hacerlo de nuevo.

 Mempo Giardinelli, Luna caliente

Hoy es el día de la secretaria. Yo no soy secretaria, y no me consta lo que voy a escribir, pero alguien que sabe de buena mano toda clase de datos curiosos, absurdos e inservibles, como la historia del papel higiénico, me contó que el día de la secretaria es el único día del año en el que no hay un motel disponible en ningún lugar de Bogotá.

Qué importa si es cierto o no, lo importante es lo que significa. Sólo pensamos en sexo. Somos perversos, nos imaginamos que todos los jefes de la ciudad, en lugar de pagarles un sueldo decente, desvisten a sus secretarias en cuartos de hotel, no por amor ni por deseo, sino por el afán de demostrar su dominio sobre la presa, en este caso una mujer con increíbles capacidades para organizar una agenda o el archivo de la oficina, que esta noche está dispuesta a fingir un orgasmo para que su jefe piense que es el mejor amante del mundo, y así la deje salir temprano los jueves o le pague una bonificación especial en las vacaciones.

Lo sé, estoy exagerando. El sexo no sólo es una cuestión de poder, algunos lo hacemos sólo porque nos gusta o porque sentimos amor. Pero no pude resistir la tentación de mencionar este cliché para no-reseñar una historia caliente que no es tan cliché.

Ramiro, en un acto digno de un troglodita dominado por su otra cabeza, irrumpe en las entrañas de Araceli, cuyo pecado sólo fue estar muy buena. Y a ella le gustó, sólo quería hacerlo de nuevo. ¿Qué hay de malo en eso? No sé si estoy escribiendo esto porque me encanta el olor a buen sexo; o porque hace veintiún días alguien que me conoce muy bien por dentro no me quita la ropa para tocarme y lamerme como nos gustaría, y como no soy secretaria hoy tampoco será el día; o porque esperaba compensar mi abstinencia con la lectura de Luna caliente y quedé tibia.

Lo cierto es que si Ramiro quería descargar su testosterona ardiente en esa carne joven en quien se fijó desde la primera palabra del libro, puede darse por bien servido. Araceli no necesita fingir nada, ni está buscando una bonificación especial para las vacaciones. Sus gemidos son la voz de ese clítoris enrojecido que cualquier pelele podría haber despertado. Sí, cualquiera (¿con quién podría comparar un buen polvo una respetable señorita virgen?), pero Ramiro eligió ser ese pelele, así que en lugar de quejarse, cometer estupideces y esconderse de su perdición debería perderse con ella, dejarse llevar por lo que le obliga a hacer su pene cuando ve los senitos incipientes de Araceli. ¿No dicen por ahí que “metido el dedo metido el codo”, que “nadie te quita lo bailado”?

¿Ve?, el sexo es todo. Para qué más. Así que mátese. Siéntase intranquilo, perseguido, enfermo, culpable. Desgárrese las vestiduras. Manipule a quien necesite para saciar su apetito. Viole sus principios. Pierda la perspectiva. Si a cualquier pelele le funciona, a usted también.

26 de abril

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