UN BONITO DETALLE MOLESTO

Este verde poema

Carlos Pellicer López

 

“  ”.

Carlos Pellicer, Este verde poema

 

La vida se construye a partir de pequeños detalles, todos los días hacemos cosas sin importancia con las que ocupamos nuestro tiempo, mientras esperamos que nos ocurran otras más significativas, como encontrar la felicidad. Carlos Pellicer tomó un pequeño detalle de la obra de Aurelio Arturo, un verso, y lo convirtió en el título de este libro, en el que celebra su adoración por el poeta que le canta al sol, al viento, a los campos con su habilidad para decir todo tan tranquilo, a punta de detalles.

Los trocitos de papel de colores que Pellicer dobló y pegó con cuidado cobran sentido a partir de otros versos de Arturo, o incluso también sin ellos. En las páginas derechas, sobrias y a dos tintas leo el epígrafe de cada cuadro incluido en las páginas izquierdas este libro que, en efecto, es de Poesía para mirar en voz alta, el nombre de la colección a la que pertenece y que incluyo aquí porque me parece un bonito detalle.

Si usted está atento a los detalles, notará que usé la palabra “epígrafe” y no “verso”. Y si no se le escapa otro, deducirá que pensé en los versos de un poeta absolutamente conocido como epígrafes de las obras de un artista mexicano que no conozco, porque todas las no-reseñas que usted ha leído, y las que leerá aquí, incluyen un epígrafe que ha sido cuidadosamente seleccionado por mí, una total desconocida, no porque sea un detalle de fina coquetería, sino porque guían mi discurso, le ayuda a entender lo que pasa por mi cabeza cuando mezclo anécdotas personales con la lectura de un libro de un autor a quien usted tal vez sí haya leído.

Asumo que después de leer párrafo anterior, usted se remitió al epígrafe de esta no-reseña y se encontró con… nada. No es un error de digitación, ni se debe a la ausencia de frases maravillosas que merecieran ser epígrafes, la razón es tan obvia que si se la escribiera haría de esta no-reseña un desperdicio; así que sigamos con otro detalle.

Reitero: “los trocitos de papel de colores que Pellicer dobló y pegó con cuidado cobran sentido a partir de otros versos de Arturo, o incluso también sin ellos”. ¿Incluso sin ellos? ¿Por qué cree usted que yo escribí esto? Preferiría no confesar que es porque estoy comparando el libro de cuadros a partir de versos de otros con mis no-reseñas cuando sean un libro, e intento decirle(me) que no es necesario leerlas para acercarse a los libros que mencionan. A veces creo estoy ocupando mi tiempo escribiendo sobre lo que ya hicieron otros para postergar la escritura de un libro que alguien quisiera no-reseñar.

Estas palabras han salido a empujones, parecen falsas, se han sometido a muchísimas correcciones y, pese a esto, presentan una inconsistencia brutal, que espero que usted no note. En resumen, podrían sabotear la idea que en enero parecía brillante y hoy sólo es un bonito detalle molesto.

29 de abril

OTRA OPORTUNIDAD

Sin rumbo por el mundo, Catalina y el Oso

Christiane Pieper

“Sin rumbo por el mundo marchaba el oso perezoso

(y Catalina detrás)”.

Christiane Pieper, Sin rumbo por el mundo, Catalina y el Oso

 

Imagínese que estoy en el colegio, en el salón de Costura con un bombillo, aguja, hilo y una media rota y le pregunto a la monjita de la clase de Costura: “¿Para qué es el bombillo?”. “Para aprender a zurcir”, responde ella y sigue hablando hasta que se me sale un pensamiento  en voz alta: “¡¿Nos van a enseñar a remendar?!”. Mi chillido y la mirada de desconcierto de todo el curso interrumpe el soliloquio de la monjita, y ahora ella se dirige directamente a mí: “Sí, señorita Giraldo, o si no, ¿cómo le va a remendar las medias a su marido?”.

Catalina es sumisa, y el Oso al que sigue sin rumbo es como el marido perezoso al que se refiere la monjita remendedora de medias. Me imagino a Catalina recogiendo la ropa sucia del espécimen por el apartamento que ella nunca podrá pagar porque remendar las medias de su esposito le ocupa todo el día y, por lo tanto, no tiene tiempo para ganar su propio dinero.

Estoy revisando la página legal, Catalina, y tu historia original fue escrita en 1998, ─supongo (y espero) que sin ninguna intensión abiertamente machista por parte de Christiane Pieper─. Han pasado catorce años durante los cuales, aparentemente, las mujeres tenemos las mismas oportunidades que cualquier otro ser humano, incluida la capacidad de decidir; sin embargo, las sonrisas forzadas y la expresión de resignación/susto de tu cara mientras sigues a un oso ¡que no tiene idea para dónde va! me hace pensar que no estás tan a gusto de repetir sus huellas y sus expresiones faciales. Así que te voy a dar otra oportunidad, para que recap…

Con todo respeto, Clara, creo que lo que piensas sobre mí es una generalización. Sí, estoy hablando yo, Catalina. Soy de pocas palabras, como lo habrás notado cuando leíste el libro, pero eso no me convierte en una persona sumisa. Soy un personaje dibujado por un ser humano y tanto ella como yo tenemos matices; por eso me molesta lo siguiente:

1) que asumas que necesito tu ayuda o tu aprobación, sólo porque optaste por ser soltera a ultranza, como puede deducirse a partir de tu reacción porque la profesora de Costura supuso que vas a casarte y remendarle las medias a tu esposo es uno de tus deberes conyugales.

2) que afirmes, sin temor a equivocarte, que yo soy quien imita al Oso, y que ni siquiera consideraras la posibilidad de que fuese al contrario, o bien, yo eligiera seguirlo a él.

3) que me invites a hacer lo que yo quiera pero a raíz de esa invitación yo me vea obligada a interrumpir mis paseos con el Oso para hablar excesivamente ante una desconocida.

y 4) que, con el ánimo de difundir tu respetable discurso feminista, no notaras en las ilustraciones de Pieper que soy una niña, por lo tanto traduzcas la reflexión a la que te llevó la segunda lectura de Sin rumbo por el mundo en palabras de adulto muy bien educado.

Así que por favor déjame seguir rodando, cantando y brincando y tú ocúpate de todo lo que dejaste a medias por escribir esta no-reseña.

26 de mayo

ACTO DE PRESENCIA

Mis 130 apellidos

Irene Vasco

 

“Todos teníamos un papel pegado en la camisa,

con el nombre, el apellido y nuestro país”.

Irene Vasco, Mis 130 apellidos

 

Llevo veinticinco minutos sentada en este sofá de cuero. Miro a la gente. Detengo mi atención en el paquete de pañuelos desechables marcado con el logo del lugar. Muy práctico, el llanto es algo que se ve mucho en una sala como éstas. Cierran el ataúd. Dos señoras como de la edad de mi mamá comentan que es una vergüenza que nadie haya rezado ni siquiera un padre nuestro por el alma del difunto, así que se levantan, buscan el misal y de repente todos los asistentes contestan a las plegarias encabezadas por las dos mujeres. Yo salgo al pasillo, no quiero rezar, prefiero escribir mis impresiones sobre todo esto, pero eso es inapropiado en un funeral, así que me limitaré a pensar en lo que voy a escribir después.

No estoy haciendo trabajo de campo, ni me he colado en un velorio ajeno para llorar sin que nadie me juzgue por hacerlo; en realidad no he llorado, aunque debería, porque estamos velando el alma de un miembro de mi familia.

El hijo de la hermana de la mamá de mi mamá sufrió un infarto, y dos días después dejó de respirar. Por eso estamos todos aquí, y digo “todos” porque no reconozco a nadie. Es incómodo. Me encantaría que a mi familia también se le hubiera ocurrido, como a la de Emilio, el de los ciento treinta apellidos, repartir autoadhesivos para que cada uno escribiera su nombre, apellido y el parentesco con el difunto. Somos muchos, no siento mareo como Emilio, pero sí creo que estoy haciendo acto de presencia, una expresión que no he parado de escuchar entre quienes se reúnen a charlar en los pasillos.

La muerte es un pretexto para reunir a la familia, igual que el aniversario de los bisabuelos de Emilio. Se supone que nos vestimos de negro, hablamos bajito, compramos flores y dejamos lo que sea que tengamos que hacer ese día para mostrar nuestro respeto; pero en realidad no es así, sólo vamos para que nos vean ahí. Si él pudiera vernos desde su ataúd no sabría quién es casi nadie, se preguntaría dónde están sus amigos de la infancia, los del trabajo, esa ex novia de la que estuvo enamorado tanto tiempo, mantendría la vista fija en sus hijas, su esposa y su mamá, a quienes en verdad les va a hacer falta.

Como en la reunión familiar de los Moscovici ―o las ciento treinta maneras de escribir ese apellido― todos se abrazan; en la nuestra, además, se preguntan por las carreras, parejas, y salud de los demás, de los que no vinieron; se reprochan no haberse visto durante tantos años; se vuelven a abrazar; y prometen verse más seguido: organizar una reunión para celebrar el cumpleaños de mi abuelita o un paseo en una finca, para que vaya toda la familia.

Señor lector: no es bueno alejarse tanto de la familia, hay que rodearse de los suyos, porque no es bueno morir solo, ni que su sala de velación esté atiborrada de personas de las que usted nunca supo nada y que seguramente no quieren estar ahí.

27 de abril

CUATRO EN ESTE MUNDO

Como mi mamá

David Melling

“Aunque, al final del día, todos queremos estar

en un lugar tranquilo, cálido y a salvo,

con alguien… como mi mamá”.

David Melling, Como mi mamá

 

Ayer por la mañana viví en la incertidumbre. A medio día, lo que me causaba la incertidumbre se resolvió exactamente como yo no quería. Por eso fue tan oportuno el efecto reparador de lo más seguro que tengo en la vida: el calor que produce un papá a mi derecha y una mamá a mi izquierda un domingo por la tarde durmiendo películas.

No era para tanto, pero yo quería “estar en un lugar tranquilo, cálido y a salvo, con alguien… como mi mamá”. Sé que la cita de Melling dice “mamá” pero yo digo “familia”: mi mamá, mi papá y mi hermana, las tres personas cuyo amor tengo por sentado y, por la misma razón, descuido de manera sistemática.

Mi papá siempre nos dice: “Somos cuatro en este mundo: la mamá, dos hermanas y yo”, pero creo que lo entendí desde que empecé a escribir muchos intentos fallidos sobre la saga de David Melling. Quería evitar homenajear a mi papá en la no-reseña de Como mi papá y a mi mamá en la de Como mi mamá, porque era la salida fácil y no era lo que me pasaba por la mente cuando leí ambos libros; sin embargo, ahora lo hago porque, aunque somos una familia muy funcional porque nos amamos, nos respetamos y nos sentimos orgullosos de ser parte del selecto grupo de cuatro personas en este mundo, siento que yo aprovecho ese amor que tengo por sentado, a tal punto que las otras tres personas de mi mundo no están ocupando el lugar que merecen en mi lista de prioridades.

No sé cómo hacerlo. El protagonista de este libro escoge resaltar todas las habilidades maternales de esa señora que “siempre consigue que [él se] sienta mejor” porque invierte gran parte de su día en velar por el bienestar de su nené.

Yo no sé cómo hacerlo, pero sé cómo no hacerlo. No quiero escribir “un libro tierno y divertido, que será un precioso regalo para madres e hijos [y el] complemento perfecto del libro Como mi papá, del mismo autor”, como dice la nota del editor en la contraportada de esta apología a la salida fácil, exactamente la misma que yo quería evitar.

Me rehúso a escribir un libro así porque me conozco y sé que el homenaje se reduciría a un montón de fotos el día del lanzamiento y a una dedicatoria de mi puño y letra, que ese día me saldría sinceramente del corazón, pero que no serviría de nada porque dejaría nuestra relación en las mismas.

Como no sé cómo hacerlo, acudo a ustedes tres porque son los más sensatos de los cuatro que somos en este mundo. Me gustaría escucharlos, aunque en el fondo intuya cuál es la respuesta.  Para que se inspiren les dejo un regalito que usted, Hermanola, considera que “es la foto más significativa de nuestra peculiar familia”.

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  21 de mayo

EN CLAVE DE SARCASMO

Luna caliente

Mempo Giardinelli

 No me hiciste daño. Me gustó.

Y quiero hacerlo de nuevo.

 Mempo Giardinelli, Luna caliente

Hoy es el día de la secretaria. Yo no soy secretaria, y no me consta lo que voy a escribir, pero alguien que sabe de buena mano toda clase de datos curiosos, absurdos e inservibles, como la historia del papel higiénico, me contó que el día de la secretaria es el único día del año en el que no hay un motel disponible en ningún lugar de Bogotá.

Qué importa si es cierto o no, lo importante es lo que significa. Sólo pensamos en sexo. Somos perversos, nos imaginamos que todos los jefes de la ciudad, en lugar de pagarles un sueldo decente, desvisten a sus secretarias en cuartos de hotel, no por amor ni por deseo, sino por el afán de demostrar su dominio sobre la presa, en este caso una mujer con increíbles capacidades para organizar una agenda o el archivo de la oficina, que esta noche está dispuesta a fingir un orgasmo para que su jefe piense que es el mejor amante del mundo, y así la deje salir temprano los jueves o le pague una bonificación especial en las vacaciones.

Lo sé, estoy exagerando. El sexo no sólo es una cuestión de poder, algunos lo hacemos sólo porque nos gusta o porque sentimos amor. Pero no pude resistir la tentación de mencionar este cliché para no-reseñar una historia caliente que no es tan cliché.

Ramiro, en un acto digno de un troglodita dominado por su otra cabeza, irrumpe en las entrañas de Araceli, cuyo pecado sólo fue estar muy buena. Y a ella le gustó, sólo quería hacerlo de nuevo. ¿Qué hay de malo en eso? No sé si estoy escribiendo esto porque me encanta el olor a buen sexo; o porque hace veintiún días alguien que me conoce muy bien por dentro no me quita la ropa para tocarme y lamerme como nos gustaría, y como no soy secretaria hoy tampoco será el día; o porque esperaba compensar mi abstinencia con la lectura de Luna caliente y quedé tibia.

Lo cierto es que si Ramiro quería descargar su testosterona ardiente en esa carne joven en quien se fijó desde la primera palabra del libro, puede darse por bien servido. Araceli no necesita fingir nada, ni está buscando una bonificación especial para las vacaciones. Sus gemidos son la voz de ese clítoris enrojecido que cualquier pelele podría haber despertado. Sí, cualquiera (¿con quién podría comparar un buen polvo una respetable señorita virgen?), pero Ramiro eligió ser ese pelele, así que en lugar de quejarse, cometer estupideces y esconderse de su perdición debería perderse con ella, dejarse llevar por lo que le obliga a hacer su pene cuando ve los senitos incipientes de Araceli. ¿No dicen por ahí que “metido el dedo metido el codo”, que “nadie te quita lo bailado”?

¿Ve?, el sexo es todo. Para qué más. Así que mátese. Siéntase intranquilo, perseguido, enfermo, culpable. Desgárrese las vestiduras. Manipule a quien necesite para saciar su apetito. Viole sus principios. Pierda la perspectiva. Si a cualquier pelele le funciona, a usted también.

26 de abril

PROCRASTINACIÓN 2.0

Como mi papá

David Melling

“Y cuando retozo perezosamente,

mi mamá dice… ‘¡Eres como tu papá!’”.

David Melling, Como mi papá

 

Yo procrastino, como mi papá. Un momento, eso no es verdad, Clara. ¿Qué?: ¿lo de que me a paso perdiendo el tiempo?, ¿qué mi papá malgasta el suyo?, ¿o que ninguno de los dos hace nada útil con sus vidas? En realidad las tres cosas son y no son verdad, lo que sí es totalmente falso es que yo procastino de la misma manera como lo hace mi papá.

A los personajes del libro de David Melling, tanto al padre como al hijo, parece ocurrirles lo contrario: procrastinan casi igual: juegan a las escondidas, huyen de enjambres de abejas, enfrentan/se asustan con gorilas, duermen, se concentran en los sonidos de sus barrigas, trepan árboles, siguen huellas y se lamen la nariz. Ambos son como mi papá, de hecho, podría jurar que la única diferencia entre los procrastinadores del libro y mi papá es que él tiene ochenta y siete canales de televisión; en cambio, la gran diferencia entre ellos y yo es que yo tengo y utilizo compulsivamente el WIFI.

Lo confieso: soy adicta a los videoblogs. Siento la insaciable necesidad de ver todos los videos de Bollicao, Yellow Mellow, Sara GDesahogada, Gominuke y… Limoniful3, la nueva de mi lista. En el último mes he consumido horas y horas de videos estas vloggers españolas que hablan de nimiedades, de sus vidas y de la manera cómo ellas ven el mundo, y tienen muchos seguidores como yo, que preferimos la procrastinación 2.0. Preferimos dejar para más tarde lo que debíamos hacer viendo veinte cositas (literalmente), a salirnos de nuestras vidas sintonizando cualquier noticiero saturado de desastres naturales, atentados a gente con escoltas y reportes de tránsito, como le gustan a mi papá.

Aunque mi mamá insista en que él y yo somos igualitos, como también afirma la mamá que Melling presenta en Como mi papá, no lo somos. Él vivió en un mundo en el que quien quisiera provocar admiración requería ser excepcional en lo que hacía, por eso creímos que en el mundo sólo hay tres tenores, nadie bailará como Michael Jackson jamás y las grandes revoluciones sociales ya tuvieron lugar.

Ya nadie es un modelo de genialidad. Aunque todos podríamos pintar como Pollock, no lo hacemos porque ahora todos somos únicos e irrepetibles. “Es la primera vez en la historia ─dice Limoniful3 en el minuto 2:38 a 2:43 de este video─ en la que a todos nosotros se nos permite ser creativos”. Y, cortados con esas tijeras de exclusividad, buscamos pequeños ídolos, más cercanos, no tan… virtuosos y a quienes podamos seguir en Twitter.

Mi papá no tiene Twitter, ni tampoco un canal en Youtube, pero es absolutamente cercano a mí. No es para nada virtuoso, pero sí un genio para hacerme sentir una persona importante, porque lo soy para él. No necesito escuchar el audio de la conversación que él no sabe que tuvimos sobre tener garras de león y no necesitarlas, ya la agregué a favoritos.

16 de mayo