TWO DAYS WITHOUT SHOES

Diarios

Alejandra Pizarnik

“Inmensa ternura por mí. Ganas de hacerme pequeña,

sentarme en mi mano y cubrirme de besos”.

Alejandra Pizarnik, Diarios

 

“Inmensa ternura por mí. Ganas de hacerme pequeña, sentarme en mi mano y cubrirme de besos” escribí en el espejo de mi cuarto, con letra pequeña, redonda, legible y lo más alto posible, de manera que la cita de Pizarnik no tapara el reflejo de mi cara, mi cuerpo, mi cabello y el fondo de mi cuarto absolutamente desordenado. La escribí pensando en mí, no en ella, ni en las no reseñas… ni en usted. Sólo en mí.

Eso fue hace más o menos una semana, durante la cual la escritura de la no reseña de los Diarios de Alejandra Pizarnik ocuparon la mayor parte de mi tiempo y mis acciones: releí todos los fragmentos subrayados de sus Diarios, los clasifiqué según sus temas, tomé apuntes de anécdotas significativas para hablar de alejandra desde Clara; preferí no bañarme, ni comer; no quería usar zapatos, ni hablar con alguien que no fuera yo. Este texto no escrito respiró todos los días sereno sobre mí y de noche, hiperventilaba. Abarcó todas mis emociones.

Digo “emociones” para no decir miedo; y no digo “miedo” porque no es exactamente lo que siento al leer o escribir a Alejandra Pizarnik. Ella es mi espejo. Me veo en ella desde el día que oí por primera vez su apellido: “Debes devorar como loca a Pizarnik”, me dijo una mujer muy tímida que se atrevió a hablarme después de escucharme leer mi poema estrella, ese que escribo en el espejo cuando, tras dos días sin zapatos, estoy preparada para volver al mundo.

“Two days without shoes” es nombre que le doy a los dos días ―a veces menos, a veces más― que necesito para huir de todo, o mejor, para descansar de las consecuencias de ser la Clara histriónica que creé para que todos me recuerden y añoren mi presencia o, por lo menos, para creérmelo.

Los primeros, más cortos e intensos, me generaban una sensación de lástima y culpa por no saber cómo vivir como todos: sin interrupciones, sin momentos casi marcados en el calendario para tomar impulso y seguir viviendo; así que una vez superada esa catástrofe lamentable, me imponía planes para no volver a dormir ni llorar durante tantas horas seguidas nunca más. Después, descubrí que esos dos días sin zapatos eran necesarios si quería sostener semejante personalidad tan aparatosa, así que los usaba para esconderme de quienes creían admirarme. Ahora simplemente son parte de mí, como preferir los libros con dibujos, enamorarme en un día o leer y escribir a Alejandra Pizarnik sintiendo que ella soy yo, sabiendo que ella cambiaba su disfraz de alejandra taciturna por el de alejandra desvergonzada y escandalosa para que yo, en su otra vida, me sintiera libre de hacer lo mismo.

alejandra, bebí tu poesía de sed, me sentí viva con tus poemas bañados de muerte, me hiciste sentir inmensa ternura por mí el día que jugué con tu nombre para hacerlo nuestro.

22 de abril

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