EN LUGAR DE LOS PUNTOS SUSPENSIVOS

No-reseña del libro

No comas renacuajos

de Francisco Montaña Ibáñez

“…esa presencia viscosa

resbalándose por mi garganta”.

Francisco Montaña Ibáñez, No comas renacuajos

 

Han pasado un poco más de dos meses desde que terminé de leer No comas renacuajos y, tras una cantidad incontable de conversaciones trascendentales sobre este libro, sobre otros libros o sobre asuntos que nada tienen que ver con libros, lo único que acierto a decir es “…”.

Sin palabras. Este libro tiene el poder de destrozarte, te conmueve hasta la médula, te hace sentir culpable por probar casi por inercia tres comidas calientes al día, sin perturbar tu posición de falsa niña rica que le da el tono entre cálido y objetivo de esta narración. Te hace cuestionar si realmente alguna vez has tenido hambre o te has sentido sin salida.

Culpa. Esa es la palabra que debería ir en lugar de los puntos suspensivos. Pero no es mi culpa sentir culpa, a los colombianos nos enseñaron que todo, así no sea tu culpa, es tu culpa. Los que creen, o no quieren asumir que no creen y repiten como loras lo que se debe decir en las misas y los velorios, rezan “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Otros se dis-culpan  todo el tiempo, a manera de muletilla, signo de puntuación o para romper el hielo, sin detenerse a pensar si hubo daño, si hubo culpa, si fue su culpa. Yo quisiera decir que no caigo en la tentación de culparme, pero mea culpa.

“A nosotros, por lo menos, solo nos da frío cuando llueve” dice mi papá entre aterrado y avergonzado por ver la noticia de los damnificados por las lluvias en la comodidad de su cama, bajo dos cobijas calientitas. “Fue mi culpa”, pienso yo cuando me entero que asaltaron a un amigo que se devolvía a su casa después de haber estado en la mía todo el día “Fue mi culpa, él quería irse más temprano”. Nina se siente culpable por no ser capaz de deslizar los renacuajos por su garganta, sin vomitar inmediatamente. David le advierte a Nina: “No comas renacuajos si no te quieres morir”, porque la culpa lo persigue y lo carcome por no tragarlos cuando debía.

Siempre espero el pasaje en el que el escritor emplea el recurso cinematográfico de poner el título del libro en boca de un personaje o en la del narrador, me emociona y se queda en mi cabeza, como esa canción que no quieres dejar de escuchar; pero esta vez, la emoción se transformó en culpa.

Los renacuajos que nunca pasarán por mi garganta nadaron en esta como si me los hubiese tragado, me hirieron por dentro, quemaron mi vientre, expusieron la culpa de tener o no tener algo, y no quererlo tanto como para hacer tanto: un pequeño acto, un sacrificio chiquitito, algo que a nadie más le importe. Nina hizo lo suyo y yo, por mi parte aún me ahogo en la culpa de soltar solo una lágrima helada en la última página del libro.

15 de abril

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3 comments

  1. Raisha · enero 9, 2012

    ” no caigo en la tentación de culparme, pero mea culpa”. Ésta frase hace una conexión directa en mí con una frase de “El Padrino” que dice lo siguiente: “De qué sirve que me confiese, si no me arrepiento” . Acto seguido, me remite a otro escrito de Nietzsche, “La genealogía de la moral” : ” El concepto moral Schuld (culpa) deriva de un concepto tan material como Schulden (tener deudas). De una forma muy refinada del juicio y del racionamiento humanos se alcanzó la forma, concepto o acto de “justicia”. Esto se arraiga en el ser humano como la “Mala Conciencia”, partiendo de esto se debe construir la gran relación que existe entre “la capacidad de hacer promesas”, “memoria” y “dolor” con “culpa” y “tener deudas” que indudablemente nos lleva al “sentimiento de culpa” o “mala conciencia”. ; De esta manera surgieron los conceptos de ira y castigo. Se imponían castigos por la ira que suscita un daño sufrido, la cual se descarga sobre el que lo ha causado. Esta ira se mantiene ya que existe un equivalente que pueda compensarla. Esta relación entre “castigo – ira”; “daño – dolor” nace de la relación entre “acreedor – deudor”. Donde se hacen promesas es necesario que exista una memoria (es fácil pensar que existirá en ésta un camino cruel, duro y violento), vale decir, el momento en que el deudor se compromete con el acreedor, en virtud de un contrato, este queda supeditado al acreedor quien al ver que la deuda no es pagada tiene todo el derecho de hacer lo que quiera con él, con su cuerpo. Sin importar la magnitud de la deuda el acreedor impone (por derecho) castigos demasiado crueles, en esta forma de compensación la equivalencia viene determinada por el hecho de que en vez de una ventaja equilibrada con el daño, se le concede al acreedor un título de restitución, una cierta sensación de bienestar, descarga su poder sobre un impotente, “el goce de hacer el mal por el placer de hacerlo”, goce cuya estimación está en el nivel respecto al orden social en el que se halle el acreedor. La compensación consiste en un emplazamiento y en un derecho a ser cruel; siendo el dolor la compensación de la deuda y la mala conciencia la consecuencia.”. ¿Por qué sentimos culpa? , ya que eliminaste en tí la tentación de disculparte, sería interesante ver qué tan prometedor puede ser eliminar la culpa, ¿acaso es tu culpa que otra persona no coma tres veces al día? . Peor aún, ¿la misericordia, la lástima y la beneficencia, son un pro para una sociedad que persé ya está en estado de crisis traficando con sentimientos que nos hacen culpables? , nos hacen culpables porque no tenemos la posibilidad de decidir, si queremos ser verdugos o esclavos, finalmente qué es una virtúd? sentirse culpable o prever la reflexión?.

  2. claragiraldomejia · enero 9, 2012

    :O quedé aún más muda que cuando leí “No comas renacuajos”. Quiero hablar de esto y responder tus preguntas y las que surgieron a partir de la lectura de tu comentario. Pienso en “El mercader de Venecia”, pienso en la manera como elijo hacer algo. Menos mal es lunes festivo… necesito tiempo para volver a leer esto… estoy (…)

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