DESCONTAMINADA DE ORTOGRAFÍA

La Navidad de Dragón

Dav Pilkey

 

“Dragón salió a buscar el perfecto árbol de Navidad”.

Dav Pilkey, La Navidad de Dragón

El cumpleaños de un niño que ese día reparte regalos en lugar de recibirlos no es de mi interés particular. Afortunadamente, en esos días se acostumbra a estar en familia, y a la mía esta festividad tampoco le trasnocha (literalmente, porque no modifican su patrón de sueño ni sus hábitos alimenticios sólo porque en Navidad la gente se atiborra de comida a medianoche).

Dragón tuvo que salir en medio de la nieve a comprar sus regalos porque vive solo y nadie le contó cómo funciona el síndrome de proveedor del homenajeado, de quien (supongo) no ha oído hablar pues sus preparativos se reducen a la compra de los mencionados regalos y a adornar un pino, que Dragón no fue capaz de talar porque era perfecto.

La Navidad de Dragón fue perfecta, lo sé por la sensación de satisfacción que se le nota a la hora de acostarse. Mi Navidad también fue perfecta: pocos vecinos, música decembrina muy muy a lo lejos, comida normal a la hora que nos dio hambre y tres mensajes de texto de personas que saben que repudio las felicitaciones navideñas masivas en las que de paso me desean que mi año sea próspero.

Bueno, fue casi perfecta. La mancha de esa noche de diciembre casi común y corriente fue una v: “Vendiciones para usted y su familia” le escribió a mi papá una persona cuya identidad permanecerá protegida para evitar el escarmio y la vergüenza públicos.

En otros tiempos, me refiero al mes pasado, este error en serio me hubiera parecido fatal, reprochable y habría modificado la estima que siento por el sujeto en cuestión; pero esa noche no, sólo me hizo reir. “¡Es un milagro de Navidad!”, dirían los seguidores de Charles Dickens o cualquiera que haya visto cualquier un especial/película de Navidad).

Luego de las risas, este error ortográfico me hizo pensar en que nadie es perfecto y en que eso no es tan grave, en que mis posiciones (uff lo escribí bien en el primer intento, casi siempre me equivoco) ultraconservadoras del purismo del lenguaje se desmoronan cuando hablo porque, como dirían mis profesoras de Lingüística “la lengua está viva” y, en consecuencia (presiento que esto va a hacer que disminuya mi volumen de trabajo) ¿qué importa que ignoremos un montón de reglas inaprendibles? Mejor hablemos, dejemos de pedirle permiso a la Academia para obviar las itálicas en los extrangerismos que nos plazca.

Uh, esta no parezco yo, pero entiéndame: estoy felizmente contaminada por http://www.revistaarcadia.com/impresa/polemica/articulo/todos-contra-academia/26641, un regalo de Navidad tan pertinente que me hizo olvidar de Dragón y su árbol con adornos y luces que mira absorto desde su ventana; también me hizo cometer cuatro errores en las anteriores cuatrocientas sesenta palabras, cuatro errores que espero que usted corrija, si se le da la gana.

26 de diciembre

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