RED SOCIAL

¡Beso, beso!

Margaret Wild y Bridget Strevens-Marzo

 

“Una mañana, Bebé Hipopótamo tenía tanta prisa

por ir a jugar, que olvidó darle un beso a su mamá”.

Margaret Wild y Bridget Strevens-Marzo, ¡Beso, beso!

 

Me siento como Mark Zuckerberg el día que se le ocurrió la idea de Facebook. No estoy borracha, ni despechada; tampoco tengo idea de lo que sea que Mark necesitó saber para montar Facemasch.com, la aplicación que colapsó la red de Harvard; pero sí pasé tres horas frente al computador a raíz una pregunta: “What´s wrong with people?”.

Me rehúso a seguir viendo como “muchas personas desperdician su vida para complacer a otros”, en lugar de satisfacer sus propias necesidades y deseos. Aunque están entre comillas, esas palabras también las escribí yo, en respuesta a un comentario al status de Facebook que desencadenó la epifanía que ya le contaré: “Clara Inés Giraldo Mejía no quiere ser prepotente, pero declara que el mundo sería mejor si más personas pensaran como ella”.

Decir “epifanía” también es prepotente, como la manía de Zuckerberg de completar las frases de los demás porque son muy evidentes; revisar sumas ridículamente fáciles, sólo para interrumpir una audiencia; o escupir verdades brutales, que le dan el carácter mordaz al personaje de Red Social. La verdad brutal es un principio que también me caracteriza a mí: una persona que, sin pelos en la lengua, afirma que tiene la solución para que nadie más se sienta insatisfecho con su vida. Nadie más, incluyendo a Bebé Hipopótamo quien, movido por la culpa y no por sus cuatro patas, atravesó rocas, fango y todo lo demás, para darle el beso que debía darle a su mamá, en lugar de hacer lo que quería: divertirse.

Tenía afán, al parecer los bebés hipopótamos también sufren del síndrome de la postmodernidad: el tiempo no alcanza para nada. Estamos (no, yo no, ya crucé ese umbral y ahora me considero un ser superior). Usted está tan embebido en sus deberes o en placeres efímeros que realmente no lo hacen feliz, que no tiene ni un minuto para hacer lo que le interesa. Por eso, cuando termina el día, usted se siente vacío, incompleto, mediocre; como el hipopótamo que puso su tranquilidad en manos de la mamá a quien debía besar.

¿Usted es como él? Las estadísticas sugieren que sí: cinco horas después de que hice esa publicación, siete de mis amigos en Facebook se interesaron por “mi idea de arreglar la vida de las personas de manera masiva” y sólo una de ellas aseguró sentirse plena con su vida actual, otras cinco han decidido ser parte de mi experimento y la otra, que comentó hace veintidós minutos, también aceptó probar si mi práctica para alcanzar la tranquilidad funciona en ella.

El equilibrio emocional de Bebé Hipopótamo y el de su mamá se debe a que ambos están buscando algo que les falta, como Mark Zuckerberg, que por fin deja ver, literalmente durante el último minuto de la película, su insatisfacción. Los dos hipopótamos, el genio de los computadores y usted conocen la respuesta, sin embargo, me gustaría ayudarle a que usted la encuentre. Escríbame en Facebook o Twitter si quiere ser parte de mi experimento.

26 de octubre

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